La crisis de la fiebre aftosa y la posibilidad de manejo antihomotóxico veterinario.

abril 11/2018

La fiebre aftosa del ganado es una enfermedad viral causada por los virus Picovirus y Aphtovirus que suelen atacar a una alta población de animales, entre ellos bovinos, ovinos, porcinos y caprinos. Es epizoótica (es una enfermedad contagiosa que ataca a un número elevado e inusual de animales al mismo tiempo y lugar y se propaga con rapidez.) y altamente contagiosa, aunque poco mortal. Se transmite por contacto del animal con enfermos, o fómites infectados por sus secreciones y/o excreciones materiales, instrumentos, vehículos, principalmente por vía respiratoria, oral e intrauterina.

La enfermedad se manifiesta a través de fiebre, aftas (úlceras pequeñas en la boca), ampollas en las pezuñas y la ubre, y baja producción de leche. Esto afecta el estado general del animal por su imposibilidad de comer y movilizarse, generando consecuencias en su nivel productivo. Su recuperación puede ser lenta y depende de cada animal. Aunque se reportan algunos casos, no se considera un riesgo para la salud humana.

A pesar de la alta cobertura nacional de vacunación, que es aproximadamente de 2 millones 500 mil animales del hato ganadero, hay aspectos que han causado el desarrollo de focos de fiebre aftosa en el Norte de Santander, Arauca y Cundinamarca. Uno de ellos es el contrabando de ganado desde Venezuela donde el estatus sanitario es bajo por su crisis institucional, logrando que esta enfermedad tenga más un efecto económico que sanitario.

Esto ha tenido un gran impacto en el sector pecuario con productos a precios poco competitivos, por el cierre de las importaciones con países compradores de animales, genética, carne, leche y subproductos cárnicos. Además, se pone en riesgo la certificación que nos establece como un país “libre de aftosa con vacunación” causando restricciones a largo plazo mientras se recupera este status.

El virus está presente en todas las secreciones y excreciones como saliva, nasales, orina, excremento e intrauterina. Las vacas infectadas pueden diseminar virus hasta por 2 años por lo que se recomienda el fusil sanitario a enfermos y poblaciones susceptibles locales. En su diagnóstico debe diferenciarse a través de un análisis de laboratorio, de otras enfermedades como la Estomatitis vesicular que afecta a otras especies, como equinos.

Cualquier vacunación es solo efectiva si se efectúa en animales sanos, bien nutridos e inmunocompetentes, por tanto, si se aplica en brotes de infección de fiebre aftosa en animales legales o de contrabando no tiene efecto preventivo. Además, ninguna vacuna tiene una efectividad del 100% y no tiene una inmunidad cruzada, es específica para cada tipo de virus, y el Aphtovirus muta rápidamente.

Algunos medicamentos convencionales bactericidas y antihelmínticos, son inmunosupresores. A esto se suma que algunas poblaciones de animales han sufrido de malnutrición crónica, con pastos pobres en nutrientes y oligoelementos por el cambio climático u otros por la agricultura tradicional mal manejada a base de insumos químicos que esterilizan cada vez el suelo a nivel integral, fisicoquímico, nutricional y de su biota.

 

La medicina antihomotóxica® veterinaria cuenta con planes preventivos que incluyen tratamientos durante siete días cada semestre o según riesgo sanitario, estos medicamentos son sin retiro y seguros por ser microdosis de plantas minerales y animales.  Tienen poder regulatorio del sistema inmune por producción de linfocitos TH3 y citoquinas y puede optimizar la respuesta vacunal de la aftosa evitando sus efectos secundarios como aborto, afecciones cutáneas.

Por su acción reguladora sobre la mucosa respiratoria e intestinal, evita el ingreso del virus. Su protección de la mucosa intestinal e hígado permite una mejor absorción, conversión y utilización de nutrientes, facilitando la recuperación del animal y su nuevo incremento de engorde y producción. Permite la cicatrización de afta y vesículas controlando el dolor y mejorando el bienestar animal.

Lo ideal, es que para lograr un tratamiento integral sea asociado a la producción agrícola orgánica limpia que a diferencia de la agricultura tradicional es remplazadora a nivel de la planta y recupera la salud del suelo, con nutrientes naturales generadores de producción de pastos, granos e insumos de calidad nutricional y sanitaria.

Con compost (reciclado de desechos orgánicos, hongos y bacterias) se recupera la probiota, y se devuelve las cualidades fisicoquímicas, nutricionales y bióticas del suelo, indispensables para asegurar alimentos de calidad y resistencia al cambio climático, sin causar residualidad ni daños al medio ambiente.   Los medicamentos homeopáticos también han sido utilizados en salud y producción vegetal con éxito en el marco de la Agrohomeopatía.

 

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